
Hipócritas inmundos
de un mundo tan estrecho,
van, creyéndose hechos,
derramando letales miasmas.
Tal espectáculo de aquéllos que pasan
pensándose genios siendo ni retazos de lumbre
y que con sus brazos te abrazan
a la vez que te escupen.
Sonámbulos infectos
que a tientas por el mundo
van, creyéndose puros,
los más vivos y despiertos.
Recalcitrantes idiotas
que siquiera se permiten
pensar que ver significa
algo más que dos ojos abiertos.
Insectos venenosos
que con delirios, no sueños,
van enroscando sus sierpes
alrededor de sus cuellos.
Abortos de grandeza son,
por ser algo fuertes;
no se les ocurrió ni por asomo
que tal vez el grande fuera el de enfrente.
Lacras que envidian,
que celan, que opinan,
que en su afán de imponer
también creen que el saber
consiste en gritar más alto.
Ignorantes de conceptos profundos,
¿qué podría enseñarle uno
a quien no quiere aprender?
Mientras que aquél que ansía
ver en todo belleza,
va sembrándola solo
y la ve por doquier.
Mas a veces le apena
ver procesión tan grosera
de seres carentes, insulsos
que golpean las puertas, embarrando el dosel.
Dueños de mentiras, no razones,
que no indagan ni se interesan.
Sabelotodos absurdos
que inventan en otros lo que en ellos mismos no ven.
Mas aquél que ansía
ver aún más belleza,
va regando su camino de amores
hasta crecer en su pecho un Edén.
© Laura S. Schapira
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