
Más vale no oponer resistencia:
la pelea es muy dura
si lo que se pelea, se origina en la esencia.
Más vale guardar las espadas
y no defenderse
si es el amor el que ataca con tanta violencia.
¿Para qué privarse de una caricia
si el cuerpo duele al no tenerla?
¿Para qué pretender no mirar
cuando la mirada busca lo que anhela?
Más vale derruir los fuertes
y limpiar todas las sendas.
¿Para qué las palabras
cuando hay silencios que todo lo expresan?
Por eso, vale más guardar los cactus
cuando es el amor el que se acerca.
El derribará todo aquéllo que no sirva...
tan sólo si lo dejan.
Por eso, si algo esencial se atrapa
en una mirada muy intensa,
vale más guardar todas las espinas
y no hablar en el lenguaje de las guerras.
Más aún si esa mirada
desesperadamente lleva a ella.
¿Para qué entonces, ofrecer resistencia?
¿Para qué guardar los besos o encerrar las estrellas?
¿Para qué ocultar la verdad
o defenderse de tanta belleza?
Vale más romper con el mundo
a no obedecer lo que manda la esencia.
Que por algo, todo se encuentra.
Que por algo retiene una piel
y ardiendo en la mente se queda.
Que por algo aparece una voz
que cura la herida
y mata la ausencia.
Por eso mejor, no oponer resistencia.
Aplastar los muros,
hacer caer las defensas.
Olvidar la regla de los malos recuerdos
para no medir también
las cosas buenas con ella.
Cuando algo irresistible
lleve a lugares que conoce la esencia
y las caricias acaricien mucho más
que todo aquéllo que se vea,
vale más no defenderse
y entregar el alma entera.
© Laura S. Schapira
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